El nombre de la empresa no es una metáfora: es la descripción de este nivel. Una cuota fija al mes y nosotros dentro, con los días de presencia que necesites, sin pedir presupuesto para cada idea ni discutir si esto entraba o no entraba. No hay que llegar hasta aquí subiendo los niveles anteriores: se puede empezar directamente por aquí, y de hecho es lo que mejor funciona.
Y decirlo por adelantado nos ahorra tiempo a los dos.
Se puede llegar aquí subiendo niveles, pagando cada cosa por separado, y está bien. Pero hay una razón de peso para entrar directamente, y no es el precio.
Cuando se contrata trabajo por trabajo hay que decidir de antemano qué hace falta, y eso se decide antes de haber usado nada. Aquí no: se monta, se usa, se ve qué falla y se corrige. Lo que se acaba construyendo se parece a cómo trabajas de verdad.
Las necesidades nuevas no esperan a que toque presupuestarlas. La normativa cambia, entra un cliente distinto, se incorpora alguien al equipo. Estando dentro, eso se resuelve la misma semana en lugar de convertirse en un proyecto aparte.
No solo lo que construimos nosotros. Lo que se atasca, lo que nadie sabe hacer, la duda de la persona nueva. Uno más en la oficina significa exactamente eso, y es la parte que no se puede presupuestar por adelantado.
No hay que contratar nada más ni presupuestar cada trabajo. Lo que haya que hacer, se hace.
Automatizaciones nuevas, cambios en las que ya hay, plantillas, configuraciones, integraciones, aplicaciones pequeñas. Las prioridades las pones tú y se revisan cada quince días.
Sin presupuestar cada cosaTodo lo construido sigue vivo y hay que cuidarlo: cambia una API y algo deja de funcionar, sale un modelo mejor y hay que sustituirlo, cambia tu proceso y hay que ajustarlo.
Mantenimiento incluidoSesión cada quince días con tu interlocutor, teléfono y correo el resto del tiempo, y prioridad sobre el resto del trabajo cuando algo urge de verdad.
Respuesta el mismo díaEl antivirus gestionado de toda la oficina va incluido en la cuota, con su informe mensual. Meter inteligencia artificial en una empresa es abrir una puerta nueva, y quien la abre debería ocuparse también de cerrarla.
Sin coste adicionalLo que no se puede medir se acaba cancelando. Por eso el acompañamiento tiene un ritmo fijo y deja rastro por escrito.
Se repasa lo que está en marcha, lo que ha surgido y lo que pasa a primera posición. Es donde tú decides en qué se emplea el mes.
Qué se ha construido, qué se ha arreglado, en qué se ha ido el tiempo y qué queda pendiente. Una hoja, no un informe de consultoría. Sin esto, a los cuatro meses nadie recuerda qué está pagando.
Una conversación distinta a las quincenales: no qué estamos haciendo, sino si está sirviendo para algo y si hay que cambiar el rumbo. Con la dirección, no solo con el interlocutor técnico.
No hay renovación automática ni cláusula que te ate más allá de los doce meses. Todo lo construido es tuyo y sigue funcionando, y si prefieres bajar a una cuota de mantenimiento, se baja.
Lleva dentro el programa de formación completo, la configuración de tu cuenta, el mantenimiento de todo lo construido y el antivirus gestionado de tus equipos, además del trabajo de cada mes, la sesión quincenal, el informe mensual y la revisión trimestral. No hay nada más que pagarnos. Aparte van solo las licencias de IA y la infraestructura, las dos a tu nombre: un VPS son unas decenas de euros al mes, y si hace falta un equipo en tu oficina se presupuesta según lo que necesite.
Lo que cambia de un cliente a otro es cuánta presencia necesita, desde un día a la semana hasta tres. El precio se cierra en la videollamada, cuando sabemos de qué tamaño es tuya casa.
Aquí sí hay compromiso de doce meses, y conviene decirlo claro porque es la única permanencia de toda nuestra oferta: lo demás no ata a nada. No es una cláusula de letra pequeña, es lo que hace falta para que tenga sentido. En tres meses no da tiempo a conocer una empresa lo suficiente como para construir nada que valga la pena.
Y si prefieres ir poco a poco, el otro camino sigue ahí: empezar por el programa de formación y subir de nivel cuando te apetezca, pagando solo lo que consumas.
Echa la cuenta: sueldo, seguridad social, puesto de trabajo y los meses que tardarías en formar a alguien. Te va a salir un número alto.
Pero antes de eso hazte la otra pregunta, que es la que de verdad decide: ¿dónde encuentras a esa persona? Alguien que sepa de inteligencia artificial y que además entienda un pliego, una medición y una normativa urbanística. Ese perfil no está en el mercado laboral esperando a que lo llames.
Nosotros ya estamos aquí, venimos los días que hagan falta, no hay que formarnos, no hay alta ni finiquito, y lo que construimos se queda contigo.
Tres cuartos de hora de videollamada para ver si estás en este punto o si te conviene más empezar por abajo. Te lo diremos con franqueza, porque un acompañamiento que no encaja se cancela a los cuatro meses y no le sirve a nadie.
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